Por qué la moda sostenible no logra combatir el tsunami de la fast fashion?

fast fashion
La moda rápida promueve el deseo por lo barato y lo desechable, logrando satisfacer la necesidad imperiosa de construirnos como un tipo de persona

 

Desechable y pasajera, la producción en serie y a bajo costo de prendas inspiradas en las últimas tendencias viene a satisfacer nuestro deseo de “ser alguien” . Este deseo tiene fecha de caducidad como los alimentos y necesita replantearse constantemente. Incapaces de esperar seis meses completos para ponernos una prenda nueva, la fast fashion ha sabido indagar e interpretar muy bien esta necesidad de inmediatez. Con la fuerza de un tsunami, ofrece una experiencia de diversidad y a la vez de particularidad con las que nos podemos sentir identificados. Una industria de la moda que promueve una identidad ciega y disfuncional ante el cambio climático, la explotación laboral y la salud física.

 

La fast fashion alimenta el deseo por lo novedoso.
La fast fashion alimenta el deseo por lo novedoso

Las buenas intenciones de la moda sostenible v/s impulso irresistible de la fast fashion

A quién no le ha pasado que por muy buenas intenciones que tengamos, resulta inevitable acabar comprando en las tiendas de Fast Fashion. Hay que reconocer que las propuestas pueden resultar muy atractivas no solo por tener un precio  accesible a casi cualquier bolsillo sino también por su variedad y diseño.

Cuando compramos una nueva prenda de vestir, es poco frecuente hacerlo porque tenemos una necesidad física, como por ejemplo protegernos del frío. No necesitamos ir de compras para tener lo básico.

Resulta que hay una diferencia entre la prenda de vestir que compramos para cubrir nuestras necesidades básicas de supervivencia y aquella que compramos porque la deseamos para completarnos como personas.

 

La moda para sentirse bien con una misma, el quid de la cuestión

Somos felices cuando una prenda de vestir finalmente hace posible nuestra eterna búsqueda de sentirnos bien con nosotras mismas. Es como cuando decimos, “sí, con este vestido siento que tengo el look que me representa. Me siento guapa, poderosa y dueña de mí misma”.

Vestirnos cada día es una negociación que hacemos entre lo que queremos ser y nuestro entorno. Es un intento personal de adaptarnos a nuestras circunstancias.

 

CUANDO LA ROPA HABLA DE QUÉN ERES: Foto de @withloveanni usando uno de nuestros jerséis de lana merino
CUANDO LA ROPA HABLA DE QUÉN ERES: usando uno de nuestros jerséis de lana merino, la influencer @withloveanni aprovecha para sacarse una foto que refleje su apuesta por un estilo de vida más sostenible

De boomer a generación Z

Tengo una tía de la generación de los boomers que desde que cumplió 6o años, cada día se viste con ropa que la hace sentirse más joven. Asidua clienta de las cadenas de bajo coste, busca ropa cómoda y urbana, y las combina con prendas unisex. Abusa de las chaquetas oversize, las camisetas y las sneakers.

“Es que me siento libre desde que me jubilé” me dice. “Estoy viuda, mis hijos ya están criados, me importa poco lo que piensen los demás y no le tengo miedo al ridículo. estoy de vuelta” El toque irreverente de algunos looks de la generación Z, la representa y la completa.

El ejemplo de mi tía es muy bueno para ilustrar cómo es que a partir de nuestra ropa comunicamos a los demás parte de lo que somos. La industria de la moda precisamente se encarga de ofrecer una experiencia de vida que va más allá de la prenda de vestir, con las que nos podemos identificar y comunicar a los demás aquello que pensamos que somos.

 

La coacher española Laura Opazo luciendo nuestro cuello reversible de lana merino

Fast fashion: la paradoja de vestir con ropa que viene con un significado pre-hecho

La ropa que elegimos ponernos es el resultado entre la negociación de nuestros deseos individuales y el mundo al que pertenecemos.

Expresa nuestros valores, ideas, y estilos de vida que compartimos con otros, pero sin tener que llegar a convertirnos en un clon de nuestras amigas. Todo esto, a una velocidad vertiginosa. Cambiamos de opinión sobre quiénes somos permanentemente, y así nuestro armario.

Y es justamente aquí en donde la industria de la fast fashion comienza a jugar un papel importante en nuestras vidas. Acabamos por expresar nuestra individualidad usando unas prendas de vestir con un significado pre-hecho fuera de nosotras mismas por ésta industria.

 

NO A LA FAST FASHION: La corredora de maratones Gemma Rica usando unos de nuestros vestidos de bambú
NO A LA FAST FASHION: La corredora de maratones Gemma Rica usando unos de nuestros vestidos de cáñamo

Cuando la calidad no importa

Ocurre cuando las tendencias de moda iniciadas por diseñadores influencers, actrices o nuestras cantantes preferidas, se materializan en nuestra vida cotidiana convirtiéndose en esa prenda fabulosa que nos ayuda a ser quien somos a precios asequibles y que casi a tiempo real la encontramos en H&M o Zara.  Se instaura así, el deseo por la novedad, por la moda barata y desechable.

Entonces, ¿qué sentido tiene comprar un abrigo de súper buena calidad que nos durará por muchísimos años, si dentro de seis meses ya seremos otra?, ¿si lo que piensas comprar se trata de algo que en el fondo, muy en el fondo, no tienes la intención de usar más allá de seis meses?

Una vez me dijeron que la mejor manera de saber si realmente vale comprar una prenda de vestir es preguntándose si se usará más de 30 veces. ¿Cuántas prendas tenemos en nuestro armario que cumplan esta condición?

 

el truco de la fast fashion está en la rapidez en la que pone en circulación lo novedoso
el truco de la fast fashion está en la rapidez en la que pone en circulación lo novedoso

Jaque a la moda sostenible

Es entonces cuando uno de las primeras consignas de la moda sostenible puede desmoronarse. A la calidad de la ropa le gana la novedad, el estilo, la diversidad y lo trendy. Nada se compara con una prenda que logra satisfacer nuestro “deseos de ser”, que nos seduce, nos quita el aliento, y en la que vemos la mejor versión de nosotras mismas.

En cambio, cuando nos planteamos comprar una prenda de buena calidad, es nuestro razonamiento pragmático el que entra en juego poniendo en una balanza la relación precio-calidad. No lo hace a nuestras emociones, definitivamente no es un objeto de deseo y difícilmente lo será.

¿Tiene sentido que las marcas de moda sostenible ofrezcan calidad y durabilidad en sus productos si igualmente serán desechados a corto plazo?

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